El problema de quererte es que ante la certeza de que deba de olvidarte
no quiero, me niego.
Me entrego al dolor de tu recuerdo,
a la miel de tu veneno
y al filo de tus garras.
Esta mañana los suspiros fueron amargos al recordar que te perdí,
pero el día es alegre por saber cuántos momentos deseé que eso sucediera.
Tu camino, el mío, dispares y desiguales, pero siempre compartirán el mismo punto de partida.
Aprendimos juntos a amar y esa lección me hace saber que estaré contigo en cada beso
aunque sea ajeno a aquello que inventamos cuando nada importaba.
Éramos tan libres que no nos importábamos ni el uno al otro.
Feroces, salvajes y descontrolados, pero hermosamente conectados en una dimensión diferente, particular,
un mundo solo apto para enajenados sin cura ni remedio.
Éramos tú y yo y ahora somos cualquiera otros dos.
Nos quedamos allí, donde naufragan los navíos que no cruzan la tormenta por miedo a la mar.
