Desde que nacemos nos van marcando líneas que seguir para ser o parecer ciudadanos ejemplares que no se salgan de la formalidad del protocolo social establecido. Sin darnos cuenta, cada moda, ideología y ejercicio de consumo nos está puliendo en figuras idénticas entre nosotros, donde una palabra diferente o sonrisa demasiado brillante suponen un pecado de osadía. Sin embargo, existe un lugar donde a pesar de todo lo que nos rodea perece una parte de nosotros que nos sigue definiendo. Si quieres conocer a alguien de verdad no tienes que visitarlo en casa ni charlar con él en una cafetería, donde realmente podrás descubrir lo que define a una persona es en el lugar donde habitan sus deseos.
En el lugar donde habitan tus deseos caben proezas inacabadas, propósitos sin comenzar e imposibilidades que son posibles. El susurro que se desprende de cada uno de tus suspiros tiene cabida también en ese lugar donde tus deseos acomodan a tus sueños. No hipoteques una idea por un abrazo, no huyas por miedo al fracaso, no te olvides de lo que deseas o habrás muerto. Hoy en día la mayoría siguen modas donde lo crucial es sentirse único, pasando por alto que la única forma de ser realmente genuino es ser tú mismo, pues no hay nadie como tú. Cualquier persona que te rodea desea algo diferente a lo que tu y eso les difiere de ti, y no su color, su sexo o su posición, recuerda bien, sus deseos.
En el lugar donde habitan tus deseos cabe también la solidaridad de dibujar ese momento en el que nuestra máxima aspiración sea la de hacer estremecer a un ser querido a través de la concepción de un instante único, inigualable e irrepetible. ¿Cómo soñar el beso, el abrazo o el libro perfecto si estuviéramos solos en el mundo? Olvídate de planear tu porvenir, pues si realmente te preocupa lo que vendrá obra honrada y espléndidamente en el presente y el futuro venidero seguro será mejor que si te quedaras embobado deseando que fuera maravilloso. Lo siento amigo, pero las estrellas fugaces no te regalan la posteridad, sino una maravilla efímera, y ahí es donde radica su magia. ¿Quién puso la responsabilidad de un deseo en algo tan precioso, fugaz y brillante? Aprecia ahora lo que hay, lo que tienes y lo que ves, y lo que tendrás en el futuro será más cercano a lo que deseas.
En el lugar donde habitan tus deseos no hay prejuicios, opiniones, chismorreos ni límites preestablecidos, en ese lugar tú eres quien decide el color de las nubes en tu atardecer. Casi nos sentimos culpables de desear algo con muchas fuerzas, parece incluso que nos crea cierta inseguridad. ¿Y si lo que deseo tan intensamente es en realidad una estupidez? ¿Para qué desear tantísimo algo inalcanzable o absurdo? Pero mi pregunta es, ¿quién eres tú para juzgar lo que deseas insensato? ¿Acaso has elegido? ¿Qué nos queda de nosotros mismos si despreciamos nuestros instintos?
En el lugar donde habitan tus deseos una epopeya de chocolate es el desayuno perfecto para lanzarte a la conquista del mundo. No, no somos lo que hacemos, lo que decimos y ni si quiera lo que conseguimos, lo que realmente nos define es lo que deseamos. En ese lugar cada una de tus lágrimas está justificada y es consolada por un racimo de bienaventuranzas hipotéticas. Arquitecto de tu propio relato de ficción, nada impide que despegues tus alas de cristal.
En el lugar donde habitan tus deseos no hay nadie más que tú pero no estás solo, pues es el diván que cada vez que visitas te sirve para curarte de humildad y recordar que tu felicidad está condicionada a tener con quien compartirla. No eras nadie cuando naciste, más que una vasija vacía que se ha ido llenando con buches de los que se cruzaron en tu camino. Trata de desprenderte de los líquidos ajenos y encontrarás que vuelves a ser lo que naciste, una vasija vacía. Saluda a Narciso en el fondo del pozo cuando lo veas si crees que es debilidad reconocer que el amor es comunitario y no privado, que las caricias solo tienen sentido sin son mutuas, que el mérito de tu felicidad es del mundo que te rodea y no tuyo.
En el lugar donde habitan tus deseos no eres uno más, eres el centro, eres el único, eres el mejor. Es un rincón para quererte y apreciarte, para olvidar que cada uno va a lo suyo y disfrutar de las cosquillas que tú mismo haces a tus pretensiones. No hay ayer ni mañana si estás entregado a tu presente, no hay nada lejano si eres capaz de acariciar el cielo con la punta de tus dedos, no hay nada imposible si eres tú el que dibuja los límites de la realidad.
En el lugar donde habitan tus deseos tal vez los sueños no tengan sentido, pero ¿dónde los tienen? ¿Cuál es el sentido de los sueños? Soñarlos, disfrutarlos y utilizarlos como herramienta de eyaculación moral. No hay más, eres tú frente a tus miedos, tú sin tus grilletes, tú con tu candidez, eres tú y tus deseos.
No tengas miedo a desear lo que no puedes alcanzar, pues no puede tocarte ni dañarte. Las aspiraciones nos estiran y empujan a saltar por la borda del navío de la gentileza. Si los sueños no existieran la realidad sería demasiado dura, no tiene sentido vivir sin alucinar ni morir sin pecar. Dale una caricia a tu inocencia, déjate llevar por el aroma embriagador que desprende tu ego. Quererse no es una opción, es necesario. Eres tú, el alma libre, el hechizado y el todopoderoso, eres tú, el auténtico dios del lugar donde habitan tus deseos.




